“Vamos al cine” y la dimensión sociocultural en clase

Autor del artículo: Mario Eugercios Hernández (@meugercios)
Profesor de ELE y fundador del blog Palabras en ELE

Cuando nos convertimos en estudiantes de una segunda lengua o lengua extranjera, antes o después entendemos que la tarea resulta complicada si no contamos con el conocimiento de lo que rodea y cohesiona al código lingüístico. Entender la cultura del lugar donde se habla la lengua que se aprende facilitará la comunicación y, por tanto, la relación con las personas que viven en ese lugar. La dimensión sociocultural y el factor emocional, entre otros, son elementos necesarios en el aprendizaje, tal y como menciona el lingüista Byram (1995) sobre el modelo de Competencia Comunicativa Intercultural.

Miquel & Sans (1992) nos plantean la imposibilidad de que estudiantes con determinado nivel de español puedan descifrar ciertos elementos culturales –lo que ellas denominan “cultura a secas” y “kultura con k”– sin contar con algunas claves para comprender una conversación cotidiana como puede ser la que desarrollan tres amigos en un bar. Ello nos obliga a trabajar el componente cultural, donde “lo no dicho” (Miquel&Sans, 1992) es tan importante como el elemento lingüístico en lo que sí se dice –“la cultura explícita” (Hall, 1989)–.

Vamos-al-cine_cubierta-580x742En este contexto, tendremos que buscar recursos que, como el libro Vamos al cine, permitan al estudiante observar una parte extensa de ese elemento cultural que poder comparar con “el universo cultural propio”, tal y como apuntan sus autoras, Cecilia Bembibre y Noemí Cámara en la introducción del libro. Así, a través del cine, el estudiante establecerá relaciones entre su cultura y la que está aprendiendo al enfrentarse a otras formas de entender el mundo.

Para analizar este aspecto cultural, aquí voy a centrarme en dos elementos principales de su organización. Por una parte, la forma de trabajar los materiales para conseguir el interés de los estudiantes en cada película. Por otra parte, una propuesta más global que se ofrece en el apéndice del libro y que resulta interesante por el tratamiento en clase de distintas temáticas a partir del visionado de varias películas agrupadas.

 

Película a película

La principal dificultad de llevar cualquier material cultural a la clase está en despertar el interés de los estudiantes sobre el tema que trata. Pensemos que para cualquier nativo de una lengua, al interesarse por ver una película, es útil contar con la sinopsis y, si es posible, con la descripción de los personajes. La primera nos muestra si nos interesa la temática de la película y el conocimiento de los personajes puede provocar cierta identificación o curiosidad emocional. Además de estos dos elementos, en Vamos al cine la preparación previa posee también otro elemento que diferencia al espectador nativo del aprendiente y que le aporta la mencionada “cultura implícita” (Hall, 1989). Ese tercer elemento son las fichas culturales, que al mismo tiempo servirán para ampliar y entender el contexto sociocultural del que hablan las autoras en la introducción.

Con estas fichas, los estudiantes conocen nuevos aspectos culturales y sociales que les provocan la curiosidad necesaria para interesarse por la película y llegar a profundizar en ellos investigando más allá del aula. Ha sido el caso de mi experiencia en clase con la música cubana (Chico y Rita), las casas de indianos en el norte de España (El orfanato) –que muchas veces derivó en la migración de españoles y su contraste con los problemas migratorios actuales– o México y la violencia (Los colores de la montaña), entre otros. Las actividades en «Antes de ver este segmento» reforzarán de manera particular ese interés inicial del que hablamos, pues están relacionadas con los sentimientos del estudiante en torno a personajes y temas, con las expectativas del espectador/estudiante sobre lo que va a pasar a continuación o con el vocabulario más complejo de la película. Es destacable que, en las tareas previas a las diferentes partes en que Vamos al cine divide los largometrajes seleccionados, aparezcan actividades relacionadas con el léxico –falsos cognados y frases hechas en ocasiones procedentes de distintas jergas–. Estas expresiones suelen ser difíciles de entender fuera de un contexto cultural adecuado, pero aquí los estudiantes pueden integrarlas durante los debates generados en clase tras haberlas escuchado en contexto y trabajado en las distintas tareas.

Otro punto a favor de Vamos al cine lo encontramos al ser conscientes de que en el cine no existe diálogo con el espectador, por lo que no podemos conocer lo que este está entendiendo o va a entender. Esto es de gran importancia para la finalidad que debemos buscar como docentes al llevar una película a clase. Por eso son remarcables las actividades con las que aquí se acompaña el desarrollo de la película en «Mientras ves este segmento» y que consiguen una atención activa mediante la relación de frases, la ordenación de acciones, “rellenahuecos” o preguntas de respuesta corta. Esta es una de las maneras en que las autoras ponen en práctica su interés por convertir este libro en una “herramienta de aprendizaje y motivación en la clase de idiomas”.

Por último, en relación con el trabajo individual que podemos hacer con cada película, en el apartado «Después de ver este segmento», los estudiantes terminan el visionado con actividades de producción escrita, que pueden dar pie a una posterior interacción oral para contrastar sus respuestas en clase.

Todo este trabajo permite que el visionado no tenga por qué producirse en el aula. Los estudiantes tienen que realizar unas tareas, para lo que es necesario haber visto y seguido la película, y esto permite que Vamos al cine sea un material adaptable a las distintas necesidades de nuestras clases y a su diseño en cuanto a trabajo en clase y fuera de ella.

 

Películas agrupadas por temas

Como mencionaba previamente, hay otra parte destacable en Vamos al cine que lo hace interesante tanto para trabajar el aspecto cultural como para potenciar la acción de los estudiantes en clase. En el apéndice del libro encontramos un apartado que, con el título de «Trabajo en bloque», nos propone usar varias películas juntas en torno a un mismo tema en el que coinciden. Esto permite abordar el contexto cultural de una manera mucho más amplia, facilitando que los estudiantes encuentren interés por alguna de las historias en las que se tratan temas que les motiven. No olvidemos que uno de los elementos clave con los que debe contar la película o las películas que elijamos es su capacidad de enganchar a los estudiantes con historias acordes a los intereses propios de su edad.  Cabe destacar que en el análisis cultural que debe hacer el estudiante es bueno partir de lo conocido –su propia cultura– para, a través de un distanciamiento posterior, llegar a entender la cultura de la lengua meta (Rodríguez Abella, 2004). Esto es, recurrir a la competencia intercultural para reflexionar sobre una cultura diferente a la propia.

Mientras nuestros estudiantes buscan el hilo temático que más les atraiga, irán trabajando los contenidos de cada película. La forma de visionarlas será la misma que tratamos al hablar de cada una de ellas por separado, pero habrá un elemento más que permita la necesaria motivación: el tema de interés. En Vamos al cine nos plantean los siguientes: crecer en medio de un conflicto, el destino, el lugar de la mujer, encuentros entre personas y culturas, historias de amor, la importancia de la familia, la ciudad y sus habitantes, la narración en flashback, la vida después de un crimen y los héroes de la infancia. Si trabajamos con estudiantes jóvenes, Vamos al cine cuenta con ciertas temáticas cercanas a sus intereses socioculturales gracias a trabajos como Los colores de la montaña, Machuca o Miss Bala.

Para el profesorado, una forma eficaz de buscar esas temáticas en las distintas películas es a través de la «Guía para el análisis cinematográfico» del apéndice del libro, mediante los recursos del análisis argumental o del técnico, donde se pide identificar los temas principales y secundarios o comentar el uso de la puesta en escena. El país de producción, por ejemplo, nos puede llevar a contextualizar un tema y a la capacidad de ciertos elementos técnicos para reforzar determinados componentes de cada temática.

Todo esto nos plantea, a fin de cuentas, una forma de actuación que podemos extender a nuevas películas, cortometrajes, capítulos de series, etc. para crear nuevos bloques temáticos con ellas. En cualquier material audiovisual de este tipo, el grupo podrá aportar 5 cosas sobre la película, la sinopsis, una descripción de los personajes y fichas culturales sobre los lugares donde se desarrolla la cinta y sobre algunos aspectos socioculturales que sirvan de contexto. Además, podemos pedir a los estudiantes que busquen más información y desarrollen un pequeño texto bajo el título de la sección «¡Qué interesante!». Después de esto, la clase habrá producido un material a partir del que crearán fichas de trabajo para otros estudiantes que vayan a ver esas nuevas películas, etc.

En conclusión, si el trabajo individual que podemos llevar a cabo con Vamos al cine resulta interesante ya de por sí, quizás lo que haga de este libro una herramienta aún más eficaz al tratar el componente sociocultural que forma parte de la lengua meta es la posibilidad de tratarlo desde las diferentes perspectivas ofrecidas por el visionado de varias películas en bloques. Además, tiene la capacidad para generar nuevos materiales en los que los estudiantes participan también de forma activa mientras realizan un aprendizaje relevante.

 

Referencias bibliográficas:

Byram, M. (1995). “Acquiring Intercultural Competence. A Review of Learning Theories”, en L. Sercu (ed.). Intercultural Competence Vol. I: The Secondary School (1995). Aalborg: Aalborg University Press.

Hall, E.T. (1989). El lenguaje silencioso. Madrid: Alianza Editorial.

Miquel, L. & Sans, N. (2004). “El componente cultural: un ingrediente más en las clases de lengua”. En redELE: Revista Electrónica de Didáctica ELE, nº 0 (pp. 22). Disponible en línea en: http://www.mecd.gob.es/dctm/redele/Material-RedEle/Revista/2004_00/2004_redELE_0_22Miquel.pdf?documentld=0901e72b80e0c8d9.

Rodríguez Abella, R. M. (2004). “El componente cultural en la enseñanza/aprendizaje de lenguas extranjeras”. En Atti del XXI Convegno [Associazione Ispanisti Italiani]: Salamanca, 2002 (pp. 241-250). Associazione Ispanisti Italiani, AISPI. Disponible en línea en: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2349709.

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